sábado, 24 de diciembre de 2016

La tendencia de unirse en los seres humano

Es tan curioso como cierto que la humanidad siempre ha tendido a reunirse y a asociarse. Fijaos si no en nuestros ancestros cavernícolas, que en un primer momento andaban sueltos pero que pronto aprendieron a unirse en familias y clanes. ¿Instinto de supervivencia? Puede ser, y cierto que eso los hizo más fuerte frente a ataques externos, de animales o de otros individuos, pero como la cosa empezó a ir a más, y se formó la tribu, y luego se unieron en pueblos, y luego ciudades... en fin, que yo ahí veo una cierta tendencia que casi raya la obsesión.
Y es que debe ser cierto eso de que no es bueno que el hombre esté solo, y no me refiero al sentido bíblico de la cita,  sino que a todos, por naturaleza, nos gusta estar acompañados la mayor parte del tiempo, y sentirnos parte de algo que no empiece y acabe en nosotros, sino que reúna a un mayor número de gente, el más posible.
Esa es mi teoría de por qué, a través de los tiempo, han aparecido instituciones como las hermandades. No tanto para tener un objetivo común, que puede ser; o unas creencias similares, que también. A mí siempre me ha parecido que los individuos que componen este tipo de asociaciones son gente que se aburre, se lleva mal con la familia o directamente no la tiene, y no tiene mayores ocupaciones en la vida que compartir con otros individuos en condiciones similares un interés común (tengo la seguridad de que un hombre de campo, cuidando de su cosecha de sol a sol, con mujer y cinco hijos, no tiene tiempo ni deseos de andar entrando en hermandades, asociaciones ni clubs de ningún tipo, no sé qué piensas tú).


Bueno, esa es mi opinión personal, que por supuesto no tiene ni por qué ser la verdadera ni compartida por ti. Pero que las hermandades han existido desde hace mucho tiempo no lo puede discutir nadie, sea por el motivo que sea, y me he propuesto investigar algunas de ellas para ver si son ciertas mis opiniones, si me confirman en ellas, o por el contrario demuestran que soy un palurdo sin creencias ni objetivos en la vida, y que me merezco estar solo porque no hay quién me aguante.